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PITALITO

“Eran campesinos, eran trabajadores, eran inocentes”: Un tejido de memoria y dignidad

En la sede San Antonio de la Institución Educativa Municipal Nacional de Pitalito se realizó el segundo mural de la Ruta de la Memoria y la Reconciliación, “Eran campesinos, eran trabajadores, eran inocentes” una obra construida en el marco del proceso restaurativo del Caso 03 – Huila, relacionado con los asesinatos y desapariciones forzadas presentados como “bajas en combate” por agentes del Estado, dentro del proceso que adelanta la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

Este mural nació como una medida de reparación simbólica dirigida a las familias víctimas y como un escenario de encuentro restaurativo entre quienes padecieron el daño y quienes hoy comparecen ante la justicia. Entre el 18 y el 21 de noviembre de 2025, 30 víctimas y 40 comparecientes participaron de manera conjunta en su construcción, en articulación con la Sala de Definición de Situaciones Jurídicas de la Jurisdicción Especial para la Paz y el despacho de la magistrada Claudia Rocío Saldaña. Fue un ejercicio de reconocimiento, de trabajo compartido y de contribución restaurativa a la comunidad educativa y al territorio, donde el acto de construir juntos se convirtió también en un gesto concreto de responsabilidad y dignificación. La obra fue dirigida por el maestro Omorlain Ramírez, artista local del municipio de Pitalito, cuya sensibilidad y compromiso hicieron posible traducir la memoria en una imagen colectiva y significativa.

1. El Paisaje: Donde la verdad se hace sol y el dolor se hace río

La obra nos recibe con un sol radiante que se eleva sobre el territorio, símbolo de la verdad que finalmente irrumpe en la oscuridad, ilumina lo ocurrido y abre la posibilidad de un nuevo comienzo. Esa luz no borra el dolor, pero lo dignifica al hacerlo visible y al afirmar que la verdad es condición para la reconciliación.

Bajo su resplandor se alza el Nevado del Huila, guardián silencioso de las historias de quienes ya no están. A sus pies, el Río Magdalena fluye con una carga profunda: una mujer recoge café mientras sus lágrimas se transforman en río, representando el dolor que atraviesa el territorio y, al mismo tiempo, la resiliencia y la fuerza de las familias que persisten en la búsqueda de justicia.

2. El Trabajo y el Engaño: La herida en la tierra

El mural honra la identidad campesina a través de los cultivos de café, plátano y caña. Sin embargo, estas plantas guardan una memoria agridulce: representan el sustento honrado de los hogares, pero también recuerdan las falsas promesas de empleo que fueron usadas como engaño para arrebatarles la vida a sus seres queridos.

  • El caballo y el gallo simbolizan la nobleza del campo, la economía popular que sostenía a las familias y los pasatiempos de las víctimas.
  • La motocicleta y la bicicleta evocan los sueños y oficios cotidianos; una moto abandonada cerca de una casa nos habla de la ausencia repentina de quien ya no regresó.

3. La Ausencia y la Identidad: Lo que la violencia no pudo borrar

En el centro de la obra, la casa incompleta es el símbolo del vacío en la mesa y el silencio en el hogar; representa los roles que madres y hermanos tuvieron que asumir ante la partida forzada de sus seres queridos.

  • La carta rota: Un as de corazones partido simboliza la vida interrumpida y el juego que un padre no pudo terminar con su hija.
  • La música y la palabra: La guitarra, el tambor y el cuaderno de poemas representan el pulso de un pueblo que se niega a callar. La música convierte el duelo en un canto compartido y la palabra escrita asegura que sus nombres no sean olvidados.
  • El cuaderno: Guarda nombres, fechas e historias. Es la memoria escrita, el compromiso de no olvidar y de dejar testimonio para las generaciones que vendrán.

4. La Justicia y la No Repetición: Un pacto por el futuro

La orquídea florece como emblema de transformación y renacer. Unas manos entrelazadas sostienen una balanza, simbolizando el deseo de que la dignidad de las víctimas pese más que la impunidad. Junto a ella, la paloma representa una reconciliación que no es olvido, sino un diálogo respetuoso basado en la verdad.

Finalmente, las huellas reales de las manos de víctimas, comparecientes, estudiantes y comunidad sellan un compromiso colectivo para que estos hechos nunca vuelvan a repetirse. La espiral de la vida, uno de los símbolos que adoptó la JEP, cierra la obra, recordándonos que la memoria es un proceso continuo que dignifica y transforma el corazón de una comunidad que hoy camina hacia la sanación.

primer encuentro

víctimas y comparecientes

etapa de socialización y bocetación

Construcción del Mural