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GARZÓN
“Tejiendo Memoria y Resiliencia”
En el municipio de Garzón, en la Institución Educativa Simón Bolívar, se construyó el primer mural de la Ruta de la Memoria y la Reconciliación: “Tejiendo Memoria y Resiliencia”. Esta obra fue realizada en el marco del proceso restaurativo del Caso 03 – Subcaso Huila, relacionado con los asesinatos y desapariciones forzadas presentados como “bajas en combate” por agentes del Estado, dentro del proceso que adelanta la Jurisdicción Especial para la Paz.
El mural nació como una medida de reparación simbólica y como un escenario de encuentro restaurativo entre quienes padecieron el daño y quienes hoy comparecen ante la justicia. Entre el 12 y el 15 de septiembre de 2025, siete comparecientes y trece víctimas participaron en un ejercicio de cocreación colectiva, orientado por el artista Juan Carlos Millán, con el acompañamiento conceptual del OBSURDH y en articulación con la Sala de Definición de Situaciones Jurídicas y el despacho del magistrado José Miller Hormiga. Fue un proceso de reconocimiento, trabajo compartido y contribución restaurativa al territorio.
“Tejiendo Memoria y Resiliencia” entrelaza arte, memoria y paisaje.
En la pared principal aparecen los retratos de las víctimas que participaron en su construcción, integrados al mapa del municipio de Garzón como parte del territorio que las vio nacer y crecer. En el centro se destaca la figura de Michelle Dayana Alvarado, niña de la familia Alvarado-Mejía, quien sostiene un colibrí en su mano, símbolo de vida, esperanza y trascendencia.
Cada retrato está acompañado de elementos que evocan sus oficios, pasiones y cotidianidades: una guitarra, un coco de café, un uniforme junto a un balón de fútbol, una vaca que representa la vida campesina. Son símbolos que nos permiten recordar a las víctimas por lo que fueron en vida —por su humanidad— y no por la forma en que fueron presentadas como “bajas en combate”.
La obra se enmarca en formas vegetales y elementos naturales propios del entorno rural:
Plantas de plátano, cafetales y cultivos de pancoger, que representan la raíz, el trabajo y la dignidad del campo garzoneño.
Al girar la esquina, el mural continúa con la escena que representa el asesinato de la familia Alvarado-Mejía. Allí se observan dos tableros de ajedrez con peones enfrentados y, entre ellos, la motocicleta en la que se desplazaban Daniel Alvarado, Alba Luz Mejía y la niña Michelle Dayana. Los tableros aluden a los dos morros ubicados a lado y lado de la carretera, desde donde los pelotones del Batallón Cacique Pigoanza abrieron fuego contra la familia. Los peones simbolizan la condición de ejecutores de órdenes dentro de una estructura mayor de poder.
Seguidamente aparece la figura de la “Tejedora de Memoria y Resiliencia”, una mujer que extiende su falda —pintada a mano por las víctimas— como un gesto de dignidad. En ella se representan las afectaciones sufridas por las mujeres tras la pérdida de sus familiares y los nuevos roles que debieron asumir para sostener a sus hogares. Sobre la tela se dibujan flores “no me olvides”, los puntos que marcan los lugares donde cayeron las víctimas y las palabras Verdad, Justicia, Reconciliación y No Repetición como hilos que sostienen la memoria colectiva. El sombrero sobre el pecho simboliza el duelo y el respeto por la vida truncada.
En la pared contigua se representa el vacío que deja la ausencia: un rancho a lo lejos; una madre con un hijo en brazos y otro tomado de la mano; una mujer anciana con su nieto en brazos, sentada en una mecedora, mirando al horizonte en espera del hijo que nunca regresará.
Finalmente, una orquídea florece como símbolo de la esperanza de un futuro distinto, mientras las hojas del yarumo evocan la resiliencia de las víctimas, al ser este uno de los primeros árboles que renace tras las quemas y deforestaciones del bosque andino.
Este mural se erige como un acto de memoria viva y colectiva: un espacio para honrar la vida, reconocer el dolor y reafirmar el compromiso con la verdad, la dignidad y la no repetición.

































